Habitar Bogotá desde la desconfianza



A inicios de este mes fui con mi novio a la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Como llevamos poco tiempo viviendo en la ciudad, todavía no conocemos bien muchas rutas y, para ahorrar dinero, decidimos movernos en Transmilenio. Era domingo y, debido a los cambios en la operación habitual, tuvimos que tomar autobuses distintos a los que solemos usar. El viaje terminó convirtiéndose en una experiencia que, más allá de las circunstancias, me dejó pensando en la forma en que habitamos y percibimos esta ciudad.

Mientras el autobús avanzaba hacia el centro, el paisaje urbano iba cambiando rápidamente. Las estaciones se veían más deterioradas, la contaminación era más evidente y las dinámicas dentro del sistema generaban una sensación constante de desorden y tensión. Personas colándose, habitantes de la calle transitando entre estaciones y pasajeros que parecían no importarles las situaciones, pero, para alguien poco acostumbrado, resultaban inquietantes.

En uno de los trayectos, el sujeto a mi lado observaba imágenes de mujeres sexualizadas en su celular sin ningún reparo, al parecer las tomaba de la web, las recortaba y guardaba en su galería de fotos. En otro momento, varias personas se ubicaron al fondo del autobús mientras manipulaban sustancias que no logramos identificar. Lo más impactante no fue únicamente lo ocurrido, sino la aparente normalización de estas escenas. Nadie decía nada. Ni quienes vigilan las estaciones. Nadie reaccionaba. Todo parecía hacer parte del paisaje cotidiano de esa ruta de autobús.

Mi novio estaba inquieto y yo me sentía igual. Pensé que esa sensación de temor no podía reducirse únicamente a una percepción individual. Creo que la inseguridad urbana también es política pues tiene que ver con desigualdad, abandono institucional, deterioro del espacio público, problemas de salud mental, consumo problemático de sustancias y profundas diferencias en la manera en que distintas zonas en este caso de Bogotá son habitadas y gestionadas.

Según la encuesta de percepción ciudadana de Bogotá como vamos (2025) la sensación de inseguridad en la ciudad alcanzó el 62 %, la cifra más alta registrada desde 2008. La percepción de inseguridad dentro de los propios barrios también aumentó significativamente. Si bien, estos datos hacen referencia a la percepción, la cual puede verse afectada por distintos factores, como la manera de informarnos. Por ejemplo, la misma encuesta también menciona que el 59% de las personas afirma que el principal medio de información y consulta de cualquier tema son las redes sociales, por las cuales corre todo tipo de contenido que muchas veces es falso. También es evidente que las diferencias entre zonas se perciben en las dinámicas cotidianas, el estado del espacio público y las formas de interacción dentro de la ciudad.

La ciudad no funciona igual para todos. Hay sectores donde ciertas prácticas se han normalizado al punto de convertirse en advertencias cotidianas: “aquí no se puede sacar el celular”, “no pase por esa estación”, “no tome esa ruta de noche”. Lo preocupante es que hemos aprendido a convivir con el miedo como parte natural de la experiencia urbana. Cuando el miedo se normaliza, también se reduce nuestra capacidad de habitar libremente los espacios públicos.

Tampoco confiamos en las demás personas. Como evidencia la octava medición de la Encuesta Mundial de Valores en Colombia, la confianza hacia los demás continúa siendo uno de los principales desafíos sociales del país. El 96 % de los colombianos encuestados en 2024 afirmó que es necesario ser muy cuidadoso al relacionarse con los demás, mientras que solo un 4 % demostró que se puede confiar en la mayoría de las personas. De la misma manera, la desconfianza está más acentuada en los estratos 3 y 4, las mujeres y la juventud. (2025) Entonces si eso es lo que percibimos y resulta en cómo nos comportamos, quiere decir que estamos habitando el país y las ciudades con desconfianza.

Desde el enfoque de capacidades centrales de Martha Nussbaum (2011) una sociedad justa debe garantizar la posibilidad de 'moverse libremente de un lugar a otro' y de estar protegida frente a la violencia. Vista desde ahí, la inseguridad urbana no afecta únicamente la tranquilidad individual: afecta la posibilidad misma de ejercer ciudadanía en igualdad de condiciones. Así pues, el problema no se limita únicamente a la existencia de delitos o actos violentos, sino a las restricciones que imponen ciertas condiciones de la ciudad sobre la vida cotidiana. Cuando las personas aprenden qué rutas evitar, en qué estaciones guardar silencio o cómo modificar constantemente sus comportamientos para sentirse seguros, también se restringe su posibilidad de habitar plenamente la ciudad.

Tal vez el problema no es únicamente que existan lugares inseguros, sino que como sociedad hayamos aceptado que ciertas formas de miedo, deterioro y exclusión son inevitables. Una ciudad donde las personas aprenden qué rutas evitar, cómo esconder sus pertenencias o en qué estaciones guardar silencio no es solamente una ciudad con problemas de seguridad: es una ciudad donde la confianza y el derecho a habitar el espacio público comienzan a fracturarse. Debemos preguntarnos entonces, ¿qué tipo de ciudadanía estamos construyendo cuando el miedo deja de ser una excepción y comienza a convertirse en una condición cotidiana para habitar la ciudad?

 

Referencias :

Comfama. (2025). Asociación Mundial de Encuestas de Valores. ¿Cómo somos los colombianos? Síntesis de resultados de 8.ª medición para Colombia de la Encuesta Mundial de Valores . Comfama. https://www.comfama.com/conoce-comfama/encuesta-mundial-de-valores/

Mariño, F. Bogotá Cómo Vamos. (2025, 11 de diciembre). Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 . Bogotá Cómo Vamos

Nussbaum, MC (2011). Creación de capacidades: El enfoque del desarrollo humano . Prensa de la Universidad de Harvard.

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